Tengo claro que la construcción de Pop-pins se va a prolongar más de lo que creía.

Tampoco estoy sorprendida. Sé mejor que nadie cómo es la trama de mis circunstancias vitales (& profesionales, digamos que), y a menudo me resulta complicado conciliarlas entre sí.   Con el trabajo extra (o sea, el relacionado con la literatura y tal, que no por no remunerado en general, dejo de considerar igual de profesional), ya ni cuento. Esta diatriba vital constante no es exclusiva de las mujeres, claro, pero sí más frecuente entre nosotras

 (no haré aquí y ahora discurso sociológico, a pesar de que el esbozado sea tema bastante neurálgico en cuanto a los desajustes emocionales tanto  individuales como colectivos /y en este caso estructuralmente sociales: los desajustes, digo.

Eso  por un lado (muy importante, engorroso a menudo, y determinante casi siempre).

Por otro, Pop-pins va a prolongarse porque así lo necesita el proyecto.

Y es lo que quiero ahora explicar (que de lo otro -lo del estrés-  ya me he quejado en variadas ocasiones y es tan reiterativo el  asunto, que amén de fastidiarla a una misma, seguro que cansa a todos los demás). Aunque también y sin embargo  quiero indicar sin más que estas autodesavenencias las suelo convertir en laboratorio propio donde practicar csi sobre algunas de las actitudes que invariablemente se transmiten de generación en generación bajo diversas formas / -soy así….-:)

y no hablo de actitudes en superficie, sino de casi formas de civilización. La investigación de estas actitudes  son uno de los hilos conductores de Pop-pins.  (Bueno, ahora no toca hablar de los hilos que conducen POp-pins).

A lo que quería especialmente referirme es a que todo proceso de escritura lo es de aprendizaje.

Si sólo  fuera la escritura una excusa para ordenar y exponer lo aprendido, poca chicha tendría el asunto: más bien sería aburrido (digo yo). Pero no es así. Es un tópico insistir en que la escritura es un camino desconocido hacia lo más aún desconocido.

Acaso no tanto,

 mas -sin lugar a dudas- conlleva reconsideraciones, descubrimientos, reordenaciones, vueltas hacia atrás, desvíos, incorporaciones, eliminaciones, elecciones… muchos guiones, apartados, líneas de enlace, redireccionamiento, garabatos, anotaciones por los márgenes.

En estos momentos Pop-pins y yo estamos en un momento de replanteamiento del trabajo. Ha afectado incluso a la escritura de los guiones de radio que debo a TEA FM, porque he de asegurarme de que éstos, a pesar de su independencia evidente, confluyan con cierta coherencia en el conjunto de Pop-pins como proyecto.

Cuando empecé, hace ya tiempo, a pensar en el tema que constituye el argumento de Pop-pins, lo hice contando con una fórmula bastante discursiva de narración, y además sin subtemas, sólo me preocupaba un tema.  Ese tema principal es simple y tópico: en realidad es la historia de una familia, mediatizada por la forma en qué los acontecimientos del siglo 20 han contribuido a esa historia. Es un tema recurrente. No hay que temer a los tópicos: hay muchos, vivimos dentro de ellos. Luego, depende del prisma.

Bien.

REcabé bibliografía. Hice extractos, fichas. SEguí leyendo. Y leí muchas más libros que libros de historia. Y ocurrieron cosas en la vida digital que me llevaron a otros planteamientos y a otras indagaciones.

 Bien, hace ya mucho tiempo que entendí que Pop-pins (que entonces no se llamaba así) tendría otra forma que la originalmente intuida. Así que me paré.

A principios de año, creí que la adecuación (fondo/forma, para entendernos) de todos los elementos estaba configurada y que podía acometer la escritura con solvencia. Entonces, entró a saco la vida en varias ocasiones como una marea y fue desbaratando mis propósitos, mis fuerzas, mi concentración… No mi intención.

Y al empezar a redactar en serio, vuelvo a ralentizarme: porque me he dado cuenta de que  todavía no están los contenidos bien insertados en la forma. Así que debo hacer una revisión de la selección realizada de tales contenidos, y seguramente del modo semiautomático (no surrealista) de trabajo (que era el elegido). Como decía ayer en Escribit, ante una propuesta de Félix González: ni el contenido está al servicio de la técnica, ni viceversa;

método y temas deben tener carácteres compatibles (aunque a veces se requiera un poco de contorsión).

En cuanto terminemos Escribit (estamos en ello esta semana) dedico a ello los días (no completos, claro, ya querría contar con cuatro o cinco horas por lo menos…, que no las tendré, claro) siguientes.

Disculpad “la chapa”.

 

 

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