He dejado a Rose Mary Taylor, la Pop-pins, y Albertina tomando el té, o cerveza, no sé, bajo el techo de Saint James Tavern,  justo sobre la cabeza de Helia y su ordenador portátil. Es lo que tiene Londres: se puede flotar, sobre todo si eres inglés. Hay tradición, y está documentada:

Flotar relaja y genera confianza. Se puede recuperar viejos lazos. Rose Mary y Albertina tienen de qué hablar.

La Prisionera.

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