No soporto demasiado ya los telediarios. Me producen bochorno e impotencia. Normalmente como a las horas en que la televisión sirve la información (al igual que la mayoría de este país). Como sola a lo largo de la semana. Durante unos años leía mientras comía; pero me resulta un poco complicado organizarme con todo, no sé. Veo la tele, pues. No sé por qué no me gusta ver cine o series mientras como. Los telediarios ya tampoco. Suelo terminar en La 2, últimamente.  Y veo documentales que se repiten ciclícamente.  Las televisiones “redifuden” mucho. Dentro de no mucho tiempo, aparte de los directos -que posiblemente vivan una época de oro (estilo tardes de Telecinco, conexiones con ciudadanos al pie de la noticia en vívisimo y en directísimo…)- simplemente se limitarán a anunciar las novedades que han colgado en Internet: esto realmente me vendrá muy bien a la hora de comer.  Ahora, La 2. Hoy he visto un documental que se llamaba algo acerca de la percepción. De la percepción que tenemos de la realidad y de cómo esta percepción ha cambiado tanto-tanto en las últimas décadas (he intentado encontrarlo en la web de RTVE, pero no lo consigo). Bueno, si lo que quería comentar es una frase escuchada en el audio de ese documental:

algo así como que aumentar nuestra capacidad de percepción (y de conocimiento) no ha aminorado nuestra inseguridad, a veces contrariamente ha acrecentado nuestra confusión.

He pensado instantáneamente en Pop-pins. En el capítulo que ayer casi terminé, después de un nuevo parón (parece que estoy condenada a escribir siempre en contra de las circunstancias orteguianas o no). Pensé en él porque me sentí tremendamente confusa escribiéndolo. No en la escritura. Confusa yo. La escritura descubrió la confusión.

Ahí sigo.

y tengo que añadir un par de cosas a ese capítulo, que posiblemente será el último en cuanto a su ordenación secuencial (o sea exigirá rigurosas correcciones). Luego iré a por otro. Más ligero. Para compensar. Para ver si me alejo de la percepción/confusión.

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