Anoche me costó mucho dormirme. Volvía a nevar todo el tiempo dentro de mi cabeza. Ya sé que decir esto puede sonar un poco entre trasnochado y demente. Bueno, es lo que hay.

Intento retomar el equilibrio de tiempos y acciones que me permitan seguir con todas las tareas (acaso excesivas, porque me dispersan, no por su número) al tiempo que con ellas procuro limpiar mi cerebro de sensaciones y sentimientos que no quiero.

Es lo que pasa cuando.

Nevaba anoche todo el tiempo, porque cerré el capitulito sobre la nieve y la gran nevada del 62 y el balde de cinc. Lo cerré, pues es brevísimo. Incorporé un texto de La Vanguardia, de la edición correspondiente al día 27 de diciembre de 1962. Este es el enlace (http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1962/12/27/pagina-3/32724968/pdf.html) y el texto (Un silencio abrumador) el que describe en poética y antigua prosa la ciudad quieta bajo la nieve (la portada de La Vanguardia es una pasada (http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1962/12/27/pagina-1/32724966/pdf.html)

Lo que yo recuerdo sobre todo, es esa mañana del día 27. Habían amontonado las quitanieves y la gente la nieve a los lados de estrechos senderos que recorrían aceras y calles para poder caminar. La nieve acumulada era mucho más alta que yo (que era muy pequeña todavía-:))). Blanco todo.  Sólo blanco ante los ojos. Como esta noche pasada en mi cabeza cuando no me podía dormir.

Esta foto (http://www.bcnhoy.com/la-nevada-de-barcelona-en-1962.html) me gusta porque está tomada en la Avinguda Borbó (en el 62 Avenida de Borbón): yo vivía justo al lado, y esa avenida fue luego escenario de muchos de mis juegos infantiles (sí, estoy un poco de regresión– no sólo por Pop-pins; también por la vida; aunque tengo que decir que la idea de Pop-pins siempre fue que la literatura y la vida anduviera confundidas – en toda la semántica del adjetivo).

Es un capítulo, como dije, simbólico. Creo que no requiere en sí mucho más. Lo doy por cerrado. Pasamos a otro que habla del desierto y los bares de Zaragoza.

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