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El 21 de diciembre de 1983 (dieciocho años después del 21 de diciembre de 1965, el día en que vi por vez primera a La Poppins en el cine Victoria de Barcelona) la BBC retransmitió el partido de fútbol en el que la selección española ganó 12-1 a Malta, la isla. Setecientos y un años después de que los almogávares aragoneses de Roger de Lluria conquistaran Malta, la selección española de fútbol humilló nuevamente a los malteses, en Sevilla. Ya sé que los almogávares aragoneses no tenían nada que ver con España. Pero los ingleses que estaban en Saint James Tavern viendo también el partido a través de la televisión no paraban de gritar que estaba amañado. Patrick asentía tímidamente con el gesto. Y yo, que no tenía mucho interés por el fútbol, replicaba que no me contaran milongas, que a lo mejor estaba amañado, bueno, pero que realmente por lo que estaban todos furiosos era porque Malta, que había sido inglesa casi hasta ayer mismo, perdía, y que Europa estaba decidida a ayudar a España para que dejara de ser un país de pringados, y que ya se sabe que el deporte es una metáfora social. Qué culpa tendría Malta. Habíamos discutido Patrick y yo mucho toda la tarde sobre si quedarnos en Londres o volver a España. Y al terminar el partido le miré a los ojos sin pestañear, inamovible: Patrick, le dije, vosotros, los ingleses, tampoco sois muy objetivos ni muy sensatos. Todo eso que se dice de vuestra racionalidad es un mito; Patrick, le dije, este país no es mejor que el mío y no soporto más que tú lo creas así; Patrick: yo me vuelvo, tú puedes hacer lo que quieras, lo que quieras, Patrick, puedes hacer, puedes quedarte en Ombligo Picadilly, Patrick, yo me vuelvo a España después de Navidad, tengo mucho que hacer allí; puedes quedarte, Patrick, pero yo tengo que estar allí, en España –y golpeaba con mi mano El País/Biblia-: hay mucho que contar, digo, sobre derrotas amañadas.

Volví a España con Patrick y con un montón de CDs –habían empezado a comercializarse ese mismo año, 1983-  y, aunque no le creí entonces, Patrick tenía razón cuando me dijo que los CDs, y sobre todo los de rock , serían formas de existencia breve, que no aguantarían la amenaza de  las Sombras.

 

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