Hace muchos años tuve que estudiar muchos-muchos-muchos temas bastante aburridos en general para una oposición, a la  que nunca debí acudir (aunque eso es una historia que no importa ahora). Aprendí bastante sobre música barroca en aquellos largos meses. La música barroca era lo único que conseguía pegarme a la silla y a la mesa y a los temas. Recurro a ella siempre que necesito un empujón de concentración. He redacto “Un jersey de ochos” bajo la directa sugestión de la música de Telemann.

Albertina ha pugnado por aparecer en este capítulo. En realidad lo intenta en todos y lo consigue en la mayoría. Pero Caffé Nero no es lugar para ella. Ella está bien en St. James Tavern, flotando, ya se lo he dicho.

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