Estamos en imprenta. Es como estar en capilla. Tiempo de espera. Tiempo de volver a la expectación, porque la impresión es una última transformación del texto, y desde el otro lado es difícil evitar un poco de ansiedad. La recepción de un texto en su forma de libro nada tiene que ver con  la mirada que atrapa el texto sobre el folio, o desde la pantalla. Ni siquiera se asemejan la mirada que recorre el texto dentro de la web y la que lo percibe en la pantalla en forma de pdf, que son galeradas. Ese pdf es ya un penúltimo estado de transformación, pero todavía es plano. Aunque ya vas percibiendo los pequeños cambios físicos hacia el objeto en  tres dimensiones y cómo esos cambios afectan a lo que había sido tu manera de aproximación al lenguaje, y también, a la inversa, a la forma en la que un texto y la historia que contiene se muestran. Llegar a la conformidad íntima  entre lo que fue al principio un danza surgiendo dentro de tu cabeza y su apariencia final de texto en libro no es un camino fácil de recorrer.   Pero estoy convencida de que lo hemos andando bien con Limbo Errante. Sí que lo creo. Tranquila, Luisa. Tiempo Pop-pins. Territorio y más.

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