Buscar

Proyecto Pop-Pins

Categoría

Making on Pop-pins

Making on: nuevo capítulo

Acabo de incorporar (1 de la madruga del día 15 de abril) el capítulo “París, España”, que debía desde hace un par de semanas, las cuales he empleado en correcciones de lo ya subido, en escribir el nuevo texto, y en asuntos varios: notas en los blogs, Literaturame, revistas, etc. Esta tarde ha sido intensa y divertida: sesión de Transversores (Fran Picón, Mayusta y Fernando Sarría, son los trans-versores), en el café El Pedacito de Cielo. La sesión ha girado en torno a los textos de Fernando Sarría, y un buen puñado de colegas y amigos hemos leído los nuestros, en conversación común. El Pedacito de Cielo se está convirtiendo en un lugar referencial para la vida cultural de Zaragoza.

Estoy ya algo cansada y mañana toca madrugar para ir al Otorrinolaringólogo, antes de ir al trabajo. Así que el resto de elementos correspondientes al juego estructural del capítulo subirán mañana. Prometido.

Descansad bien.

———————————

Lunes, por la mañana: he tenido un rato para subir las llaves de lecturas del capítulo (sonido, escenario, cifras…), y su banda sonora.

Making on: Primeras correcciones incorporadas

Hace un momento he terminado de incorporar en todos los capítulos hasta ahora publicados (he contado 22) las primeras correcciones. Han sido tanto cuestiones ortográficas y gramaticales, como algunas variaciones (no muchas) de los textos en sí.

Hoy estoy en la playa. Hace un día bastante desapacible, aunque luminoso. El Proyecto Pop-pins me produce, sinceramente, una gran, enorme, sensación de aislamiento.

Primeras correcciones incorporadas

Hace un momento he terminado de incorporar en todos los capítulos hasta ahora publicados (he contado 22) las primeras correcciones. Han sido tanto cuestiones ortográficas y gramaticales, como algunas variaciones (no muchas) de los textos en sí.

Hoy estoy en la playa. Hace un día bastante desapacible, aunque luminoso. El Proyecto Pop-pins me produce, sinceramente, una gran, enorme, sensación de aislamiento.

Coordenadas hoy

Yo me las prometía muy felices estos cuatro días de, digamos, vacaciones. Los había previsto como días sólo de relativo descanso. Eso no me importa. Suele ocurrir. A menudo el hecho de poder escribir un rato con tranquilidad ya me resulta un regalo. Digo escribir y habría que extender el placer a la lectura “ociosa” prolongada (relativamente), o a algunas otras actividades que (me gusten o no) igualmente requieren mi atención.

Vacaciones bastante “fiascosas” han resultado, sin embargo,  estas de la semana santa de este año. Cuatro días. Los dos primeros (e incluso también el anterior a las vacaciones) enterrada bajo la migraña. Nulísima actividad. El tercer día, en el que yo también “resucité” un poco -siempre tengo esa sensación de retorno, después de pasar por la migraña-, se llenó de pequeñas actuaciones domésticas, familiares, amicales (necesarias y algunas muy gratas, por cierto). Llegamos a hoy. La mañana ha sido soleada y cálida. No pensar pues en sentarse a escribir, porque mis plantas han elevado su grito mudo en demanda de las atenciones precisas que la estación reclama y que ya no pueden ser postergadas. Era un buen momento. Las actuaciones de inicio de temporada son impostergables, ciertamente, porque los ciclos naturales son exigentes e inapelables. Sólo he llegado a atender a una parte de mi elenco “planteril”. Pero algo es algo. Confío en más días soleados para continuar, a ratos (llevo la vida en ratos, qué le voy a hacer).

Bien, llegamos a la tarde del domingo.Mañana retomaré mi normal condición de asalariada, pero a mí las tardes de domingo no me pesan, me gusta dedicarlas a trabajos gratos para mi. Hoy he debido decidir volver a postergar un poco la subida de nuevos capítulos de Pop-pins, por dos razones: la primera y fundamental, porque ya urge corregir lo publicado (y enseguida explico algo más); la segunda, porque estaréis la mayoría regresando. Regresad tranquilos, regresad si no queda más remedio. Regresar, realmente no se regresa nunca, aunque lo parece.

Lo de las correcciones.

A mi, particularmente, me resulta bastante complicado controlarlo todo cuanto conlleva este Pop-pins: la historia, la no historia, la organización de la narración, lo pendiente por hacer, la documentación, etc., y además la correcta ortografía (que en alguna ocasión la olla se me va, yo lo sé, porque tengo como querencias absurdas y abtrusas, no sé…, en fin), la  gramática, el sentido de lo que se cuenta -es preciso que se entienda, claro, dentro de lo que se pueda-, bueno, todas estas cosas.  Por eso, como no me siento capaz del control total, le pedí a una amiga, que ya ha sido aquí nombrada, que fuera siguiendo mis pasos y corrigiendo el texto en cuanto conlleva el trabajo de un corrector al uso (ella es una excelente correctora, os lo garantizo). Total que a ella ya no le parece bien que yo siga colgando cosas nuevas sin corregir primero lo que ya está a la vista (piensa en “mi reputación”, creo).

El mecanismo es el siguiente: voy colgando los textos, tal y como salen de mi teclado. Es un riesgo, lo sé. Pero dentro del “trabajo a la vista” se incluye ese riesgo, o yo quiero incluirlo. Forma parte del proceso. Sé que por tanto encontraréis algunas meteduras de pata de diversa índole. Iremos subsanándolas (algunas no podré, es decir, seré incapaz, que defectos haylos). Todos sabemos (perogrullada voy a contar) que la presencia final de la escritura llega tras un proceso y varios procedimientos. Aquí quedan a la vista algunos de ellos en su puro transcurso, como sucede en la arquitectura, o incluso en la pintura, o en las obras en general que deben trabajarse de cara al público. Es cierto que no estamos acostumbrados a hacerlo en la escritura. Cuando, sin embargo, los procesos orales, por ejemplo, lo conllevaban. Proyecto Pop-pins no es un libro. Al menos, no sólo.  Y la metodología de trabajo es otra.

En fin, yo quería acabar hoy la primera corrección de dos nuevos capítulos y subirlos. Pero a ella la vi intranquila porque estén colgadas las “patazas”. Así que me he puesto a corregir. Ya he revisado los cuatro primeros capítulos, según el orden alfabético. Y voy a seguir, mientras aguante mi cabeza, durante las horas que le quedan al día de hoy (con más luz por cierto la tarde, gracias al cambio horario).

Por cierto, mi terraza, cuando termine con las labores de primavera y replante, va a quedar bien chula.

Y por cierto más, como aún no tengo del todo en su lucidez mi cerebro postmigrañoso, recurro a la música barroca para centrarme y trabajar. Recomendación metodológica (Bach, Vivaldi, Marcello -ambos-, Corelli, Tellemann …): lo aprendí opositando.

París, España

Seguramente el título del próximo capítulo que entrará en Pop-pins va a ser “París, España”. Quienes hayáis ido leyendo algunos o todos los textos hasta ahora, ya os habréis dado cuenta de que van apareciendo muchas referencias de todo tipo; son automáticas. Pero quería contar otra cosa. Más personal.

Las primeras notas para este capítulo que digo están en el cuaderno de notas de Pop-pins (ya va el tercero, entre unas cuestiones y otras), y están bastantes hojas hacia atrás del punto en donde ahora escribo. Son hojas del último verano. Recuerdo muy bien la noche que escribí esas notas. Me ha costado un poco releerlas, retomarlas. Las referencias en este caso son entrañables y dolorosas. Seguramente no aparecerán en el texto en concreto del capítulo, sin embargo. Posiblemente aguarden para otro momento.

Escribí esas notas una de las noches del pasado verano. En casa de mis padres. Ellos intentaban descansar en la habitación de al lado. Hacía mucho calor. No sé bien si era el mes de julio o el de agosto. Hubo un par de semanas en uno de esos meses de un calor desbordado y continuado. Mi padre estaba ya muy enfermo. Las noches eran largas, un tanto angustiosas. A ratos ponía en marcha el ventilador a los pies de la cama de mis padres, porque la atmósfera se cargaba mucho por el calor, por todo. Luego, mi padre enseguida empezaba a tener un poco de frío y yo apagaba el ventilador. Así hasta que el cansancio, la enfermedad y la noche imponían el sueño. Yo no podía dormir, y leía, escribía en penumbra, sólo con la luz de la pantalla de este ordenador. Lo hacía en la salita de estar contigua al dormitorio. En una mesa camilla. A veces también con el televisor encendido, muy bajito, o sin voz. La ventana abierta daba al patio interior. Mi edificio es bastante uniforme en cuanto a procedencia nacional o étnica de sus habitadores. Por eso, aquella noche (y otras más, similares, del verano pasado) una de las cosas que distraían la angustia (hay momentos en la vida en que la angustia es) era escuchar, en mitad de la noche, idiomas diversos, acentos muy diferentes, resonando en el patio interior. El chino era el idioma que sonaba con más fuerza.

Las notas que he releído y recuperado para ese texto que tal vez se llame “París, España”, y que posiblemente sea el próximo en aparecer en Pop-pins, son las últimas notas que escribí de este proyecto mientras mi padre aún vivía. Luego tuve que parar porque la muerte se nos iba echando encima. Os diré: creo que en mi vida he hecho dos o tres cosas de esas que dices: ¡bien!. Una de ellas ha sido caminar al lado de mi padre hasta donde me fue permitido (¡qué muro tan sutil levanta la muerte, ella que es tan indiscutible!). Y lo digo con orgullo, sin atisbo de sentimentalismo, con conciencia de misión vital bien cumplida. Y esta idea, la de la herencia histórica a pequeña escala, sí que conforma la naturaleza de Pop-pins, claro.

Bosón de Higgs

Es difícil mantener el ritmo de escritura ajeno a la actualidad. Por eso el último capítulo, Punto de fuga, se revuelve contra el bombardeo de aberraciones a las que vivimos sometidos: impuestos descarados, deshaucios, enriquecimientos atronadores, etc, etc. Pero no voy a insistir ahora más sobre ello. Bien sabéis.

Al escribirlo no han entrado en él algunas referencias que había preparado. Acabarán saliendo por otro lado. Por ejemplo, la alusión a la matanza en Tlatelolco en 1968. Tampoco he utilizado una vuelta de pensamiento que tenía acerca del bosón de Higgs y el campo de Higgs, que es un tema que me parece muy rico literariamente y además absolutamente preciso para conocer el universo en el que estamos (y cuando digo universo, digo mundo, digo ahora, etc, etc). Me resulta fascinante esto de que el bosón de Higgs es el que dota de masa a la materia, y que el campo de Higgs es un continuo vibratorio. Además el bosón de Higgs tiene una duración tan brevísima…, que es invisible.

Todo acabará aflorando.

making on: casualidades

Mientras estaba en la tarea de actualizar Pop-pins, los medios de comunicación plantan delante de mi la noticia de dos fallecimientos. El del cantante Tony Ronald (Help, y mucho más), y el del actor, Pepe Sancho. Y todo ello a Helia, que como yo misma ha vivido casi toda su vida a través de las referencias que personajes como ellos han ido simbolizando, le parece casi una metáfora bastante cruel, porque estos personajes  en su popularidad tan transversal y continuada en el tiempo  contienen infinitas pequeñas vidas, que por un momento detienen su respiración. Podríamos hacer una biografía personal a través de listas de nombres de personajes públicos. Sus actos y actuaciones son como espejos multiplicadores.

Pop-pins además está, la verdad, llena de casualidades. No las he registrado todas en este diario, o making on. Unas son relevantes en media intensidad, como el hecho de que precisamente hoy, que muere Pepe Sancho, cuyo papel en la serie Curro Jiménez le dio la definitiva popularidad y la oportunidad decisiva a partir de la cual construir su ascendente carrera profesional, hoy, digo, se añade a Pop-pins el capítulo en el que se nombra a aquella serie televisiva (Agujero de gusano).

Igualmente, esta semana, hace unos días, Seguir leyendo “making on: casualidades”

making on: saldo migratorio

Saldo migratorio es uno de los capítulos que más me ha costado terminar. Decir esto no me conviene. Porque si, además no es bueno -todavía no puedo apreciarlo bien-, quedo francamente mal. Pero es algo que figura entre los riesgos que conlleva este invento del Proyecto Pop-pins.

Quiero decir, por una parte,  que entiendo que la comunicación digital no sólo ha cambiado los canales, tiempos y retornos de la comunicación. Como ya he mantenido tantas veces, está transformando radicalmente los procesos de escritura (comunicación) en sí mismos. También su sentido. Una frase es su enunciado y otros muchos al unísono (tantos como conexiones sinápticas de cada uno de los lectores aparezcan, y más aún si cada uno de esos lectores realizan su propio proceso de complementar la información y añadir sus propios enunciados).  Esto siempre ha sucedido. Pero el autor antes  no podía contar con ello, porque no tenía posibilidad de calibrarlo sino muy posteriormente a su trabajo.  Ya nunca volverá a ser así (excepto desastre apocalíptico global). Seguir leyendo “making on: saldo migratorio”

Making on: París, España

Seguramente el título del próximo capítulo que entrará en Pop-pins va a ser “París, España”. Quienes hayáis ido leyendo algunos o todos los textos hasta ahora, ya os habréis dado cuenta de que van apareciendo muchas referencias de todo tipo; son automáticas. Pero quería contar otra cosa. Más personal.

Las primeras notas para este capítulo que digo están en el cuaderno de notas de Pop-pins (ya va el tercero, entre unas cuestiones y otras), y están bastantes hojas hacia atrás del punto en donde ahora escribo. Son hojas del último verano. Recuerdo muy bien la noche que escribí esas notas. Me ha costado un poco releerlas, retomarlas. Las referencias en este caso son entrañables y dolorosas. Seguramente no aparecerán en el texto en concreto del capítulo, sin embargo. Posiblemente aguarden para otro momento.

Escribí esas notas una de las noches del pasado verano. Seguir leyendo “Making on: París, España”

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: