Buscar

Proyecto Pop-Pins

Etiqueta

Google

La Villa

 

12:25 h.

 

Portmeirion me tenía atrapada en una cruelísima contradicción, subyugadoramente misteriosa para una niña.

– Me hablabas de ese pueblo, -me dice Albertina-, como si se tratara de una ciudad encantada

(A menudo es una voz que llega nítidamente desde el sueño, y que conozco y reconozco, la que me trae a la vigilia; el sonido, la voz,  no necesitan variar su densidad ni su apariencia para hacerse perceptibles, esté dormida o despierta).

 

 – Te hablaba de La Villa, contesto, el escenario imprescindible de la serie El Prisionero. Que La Villa es Portmeirion lo supe años después. Solamente contigo podía hablar de las series de televisión que tanto me gustaban, y de cine. A mi madre no le gustaba el cine y mi hermana nunca me escuchaba.

– No deberías hablar tanto conmigo, querida: estoy muerta hace mucho tiempo.

– Ya, pero mi ser hipnopómpico puede transitar sin ningún problema entre los distintos estados de mi conciencia – tú me lo enseñaste, tú eres en realidad un estado de mi conciencia, Albertina. Hablar contigo no es muy diferente para mí a escribir, leer o ver series de televisión, -ya que hablamos de una-, o películas, o transitar por cualquier otra forma de realidad, como un antiguo palacio o una calle de Zaragoza.

– El Prisionero no era un programa para niños, no debí dejar que lo vieras.

– Qué tontería. Mira, ahora te puedo mostrar en Internet las fotos de Portmeirion, el lugar de rodaje; La Villa era para mí como una casa de muñecas. Me hubiera gustado tener una maqueta idéntica a La Villa para jugar con todos los personajes. Ni siquiera los niños son inocentes.

-¿Dónde estás, Helia? De repente, me he despistado.

 – En Londres, Albertina, ya lo sabes: espero a Patrick.

– Por eso a lo mejor has recordado ahora El Prisionero; como es una serie inglesa, y Portmeirion está en Gales y el protagonista siempre te había gustado mucho…

– Albertina, Gales e Inglaterra no son lo mismo. Ten cuidado aquí con lo que dices. Nos montarán un pollo. Patrick Macgoohan, se llamaba el actor.

– Patrick, ¿ya murió no hace mucho, no?, Patrick Macloquesea, digo…

– Murió. Sabes decir su nombre. No te hagas la tonta. Le has nombrado intencionadamente. Me gustaba, aunque no escapó de La Villa, ya lo sé, Albertina; nadie escapa de sí mismo. Ni los hipnopómpicos. Un aburrimiento. La Villa era una casa de muñecas. Yo ya sabía entonces, siendo niña, que era una representación, La Villa. Nada más real, Albertina, que el teatro. Las casas de muñecas son mausoleos. Nada mejor que el nomadismo. La vida sedentaria, Albertina, nos está matando.

 – Hablas como la Poppins, Helia, y no me parece mal, no crea

 – Pues mi madre siempre decía que Mary Poppins era una soberana tontería.

– Es culpa mía que ella pensara de esa manera y que sea como es. Teníamos que habernos ido  de España cuando la Guerra. Tenía que haber pensado menos en el porvenir y más en la vida.

 – Es posible, no lo sé, pero tampoco la disculpes, Albertina. La vida es difícil; la vuestra, además, estuvo llena de injusticias. Hay que decirlo, no lo hemos dicho bastante. Tú te resignaste; ella prefirió el convencimiento, la ignorancia. Déjame sola, ahora.  Quiero estar sola en Londres, en este bar, en este mínimo punto de exilio y exorcismo. Lejos.

 – Nunca estás sola, Helia, nadie está solo y cada uno acaba siendo su propio controlador, su Número 1. ¿Ves? Yo también me acuerdo de la serie. Número 1, el poder invisible aunque omnipresente. Por tu propio bien hubiera preferido que tus referencias infantiles, las que ya nunca escapan de nuestros personales agujeros negros, estuvieran más próximas a Mary Poppins y a DisneyWorld que a El Prisionero.

 Quizás Albertina tiene razón y pienso en La Villa, en El Prisionero, simplemente por algo así como un resorte simpático: llevo ya un rato escribiendo aquí -Saint James Tavern-,  yendo y viniendo necesariamente por mi historia, que no es únicamente mía. Tengo recuerdos no demasiado nítidos de aquella serie de televisión mítica. Los recuerdos no son muy claros, y sin embargo son muchas las impresiones absolutamente hipnopómpicas que se han colado desde la serie en mi vida y resurgido en muchas ocasiones. Esperar a Patrick y su muerte es otra forma de prisión. Todos somos prisioneros, decía Macgoohan, Patrick (también): y no lo decía

(ver HYPERLINK

http://www.quintadimension.com/televicio/index.php?id=40)

de manera metáforica o por inclinación neoplatónica, lo decía refiriéndose a la más real de las realidades. También escribir estas historias ahora es como estar en La Villa, aunque parezca lo contrario: todo resulta posible, pero no es verdad. Lo único cierto es el estado de conciencia de cada momento, y para mí ni siquiera eso, por la hipnopompia, claro: a menudo me cuesta deslindar sueño y vigilia, diferenciar lo que pienso de lo que hago o digo, separar la escritura de los hechos, digamos, fenomenológicos (me gusta mucho esta palabra); me cuesta, sí, experimentar el presente mondo y lirondo, sin incorporar a ese instante también los momentos pasados que condujeron hasta él, sin adivinar con cierta pasmosa facilidad lo que traerá. Necesito mucha concentración para organizar todo esto, y a veces me cuesta no asustarme.

 

Verá, lector, casi al mismo tiempo que imaginé-soñé los hechos (que son reales y no), de esta novela (que también es otra cosa) recordé, re-ubiqué mis emociones pasadas generadas cuando veía en televisión El Prisionero. Pero he necesitado ir y venir  mucho por Google y las diferentes páginas dedicadas a la serie para delimitar y reconstruir, con cierta solvencia, esas emociones, y sobre todo para revivir las imágenes que vi entonces. He encontrado muchos datos que no conocía; esos datos  han aparecido después de toda mi vida hasta hoy: se han superpuesto a un montón de otros datos procesados durante años. Cuando vi la serie casi no tenía ninguna información acumulada en mi memoria. Así que esta recuperación ha conllevado recorrer toda mi vida de nuevo. Pero no importa: de eso trata este ejercicio de representación (sea lo que sea   la representación: una novela, un holograma transcrito, un monólogo, un sueño: en la serie los sueños de Número 6, que era un hombre libre, estaban monotorizados y podían ser mostrados a los espectadores). Al principio de mi vida yo tampoco sabía muchas cosas de mi historia (de los hechos que me incumben, y  de los que me precedieron, delimitándome en ciertas cosas antes pues de mi existencia) que ahora sé y que he ido descubriendo. No hubiera sido lo mismo si hubiese conocido algunas de esas cosas cuando tenía quince, veinte años. No hubiera tenido la misma vida,  Albertina. ¿Estas ahí, Albertina?

 –  Ahora me has llamado tú. Sí, aquí estoy, Helia. Ya lo entiendo, entiendo tu zozobra, hija, pero a pie de obra uno sólo hace cada día lo que puede.

– Eso no es tuyo, eso lo estás tomando prestado de algún lugar de mi cerebro, eso se lo escuché yo al poeta Joan Margarit, Albertina, en un recital en Zaragoza al que asistió muy poca gente, qué lástima.

-Lo que yo te digo, Helia: la vida a pie de obra; no hay inocencia, nadie es inocente, aunque todos seamos prisioneros. Como en La Villa, o algo así. Y no lo digo, Helia, como propia justificación. Lo que no entiendo es cómo llegaron a emitir una serie como El Prisionero en la televisión única y sacrosanta del franquismo.

-Por ignorancia pura, supongo. O a lo mejor, por todo lo contrario; por agudeza maligna: lo verdaderamente peligroso para el Número 1 de la España de Franco hubiera sido que el Número 6 ( o sea el buen agente secreto desengañado y castigado), hubiera conseguido mutar en Mary Poppins (sin dejar de ser Número 6, Número…, Número…). Pero todos los Números 6 de España acabaron pareciéndose a Número 1, como en la serie, aunque fuera unos segundos. Unos segundos son suficientes para morirse. Incluso para morirse en vida. No soy un número, insistía capítulo tras capítulo el pobre Patrick Macgoohan, Número 6, no soy un número, soy un hombre libre gritaba frente al mar y el gran globo Rover.

– Esta conversación ya no va a ninguna parte, Helia, hija.

– Pues, es verdad.

Anuncios

Toda imagen es terrible

Helia Alvárez y yo

(no sufro esquizofrenia: me atengo a la posibilidad de ejecutar la teoría de cuerdas *, pues cómo no va a poder el pensamiento determinar tantos egos como sean capaces de entralazar sus qubits**: la hipnopompia es una manera literaria – y real- de expresarlo:)

escribimos Pop-pins  desde Saint James Tavern, en el Soho de Londres; buscaba alguna foto especial para mostrar el sitio y cuando le he pedido a Google que encontrase imágenes similares a la de la fachada del edificio donde está el pub, esto es lo que me muestra (se puede clicar y ver:) – Me ha dado un poco de miedo//

http://www.google.es/search?tbs=sbi:AMhZZisKDPwqjX0xwdbhb_1Sv5tpr80VylQN7KcsbrfjLbIwjqn8X1Dy0uJbUtFZuZltaRFuV-rGIz5z1URICiwK5GH5LSWKz8KOGPGkRoXRMbwYjhXg2OfOW7XuQqc1DbwavwPEKZqN2T1BTbIkdHVvUwHcsf6dswRvrTQnZo3d8AimvwymH8xsfW4vsOcKRSOd0oCMGY37fhAAzFDz8Mth3XOQhWJAPDsMGyZ7IyRHoPHTit6cP0dXlLU0nK9Y4koQscovzaCwufT4nbHDcO2fj79E88uPXqM0seBzVPwHuJDT3w9282VynTvYGOcLvdLpjCdjEQ1JGvz7fx5BilrSORguOmmVTAtbnFUfr8ccB0qWzX6C7q_1dAjjKCWvMbvX66ORM1e-iJjv4k51NT4cuJWC3ri9MFzPUZN5BKfZdXzZaUlrhqbC5m4o-GCwWDClQ-eg5C_1hTLx_1H0t71tMc08zOpo-N-zUvGtIO-g8QEfYvlk-QKcJTmYp6I44UKwMHOCJAL2kUgAny1ByGzfVrfWHq0Xs-UcGjLufN6DOdvRBK5pMCrd8jPvbVz4–FpHrZKmPXspmG8sMXCHUH54CI3u6XrDKW8Mc1AZC4DeOBFYqmGpQotzcnzH8vaEucSsNrcPzpWJOjmvPg9su5lKmTRxVN50CeijlydOU07DSM1MGzTFXw9me29FKo5oI9ZS5hKOicpM4Vmm4SPua368pQJ8Qm2nqeWkt7khmXcnHRjTRnIN2lQSoXcZVpCj-Jwt26jiL9qH7oY-a7BiF8fIGbfkrBAcLlOV9t6XoHgCyCRu7QTAeflkiznuPfRZCSwptux2XMLXdMuGdAy-C6d0AUwpfi5m-CV9GgdCs0oB-qlDnIWXV4oBP3KjTGNM4_1AWFq5bxY1WKJMx3J_18J29VVY8FGKkYzoE8hLDaHEYPgfUOKgX4ohToyrkUw7-g4Y9Jl9pgbS_1N8B8t-m030-fMEHvQ6eu8NY_1CCqhNeEBy-YoaMJJOES7NFqVjkihCIlMga7F6YHpOl5vwKMCdCSKmvuI8NxQAuVWLK2Z2rLPTouUv15CNcqauOBJEXOB-j6rCqM2e57clE8RcDM_1lX1t9zvGO0JVS14h1Z3BDQnAEVaB1EhU1WqaX95q12K7Vm8PhFUfA0a2_16J7ewYn6Exf8tqUkwVdoxFsUA8dT43c844jpSloUzi9iW1lRaaHzX92XA5OtmK99LcOjvC9do_1ojDC8IukFKxLlorf_1hcNh_18OC5xONm2FY-1ThfuVJ74NtF6t-6PlxKf1ou2ve3XTRh4DfwWPTg4QrEA&btnG=Buscar&um=1&hl=es&sa=N&gbv=2&biw=1280&bih=644

Por cierto, en la viñeta (no llega a capítulo) que he escrito hoy hemos recordado una de las veces que ya había estado en Saint James Tavern, en 1983: el día en que España ganó a Malta, 12 a 1 (en diciembre)

*http://www.tendencias21.net/Posible-prueba-empirica-de-la-Teoria-de-Cuerdas_a4802.html

** http://es.wikipedia.org/wiki/Qubit (Cubit es la biblioteca que acogerá algunas de las actividades del Escribit 2011- me gusta mucho esa biblioteca; buscaré una fotografía para mostrarla: mañana será)

Todos los desvíos conducen a Piccadilly C.

 

Una idea evidentemente poco original es la de que la escritura constituye un viaje. No debo andar muy aguda, porque el post anterior también -recuerdo- se iniciaba con un apunte tópico. Ello se debe, además de a mi más que muy probable sonsería actual, a que me muevo en el ámbito reflexivo de las constataciones. La esencial es que Pop-pins ha encontrado su propia naturaleza, independientemente de mi plan inicial, porque ya se está verificando el hecho de que conforme escribo hay que ir modificando muchos de los elementos de ese plan, tanto formales como de contenido. Para mí, es un síntoma bueno. Si la novela plantea sus propias exigencias, para mi es bueno.

Por ejemplo, yo no contaba con que Piccadilly Circus fuera a ser tan importante… Y en esta semana he comprendido que es esencial.  Gracias a Piccadilly, gracias a asumir el papel escénico y simbólico que tiene, he encontrado una solución para articular algunas cosas que no acababan de encajarme. No puedo contar mucho más sobre ésto de Piccadilly, pero iremos en el blog colgando cosas sobre el lugar, porque es importante familiarizarse con él.

Me gusta mucho esta imagen nevada de Piccadilly C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra cosa constatación poco original que quería contar es la de cómo modifica Internet el propio proceso de la escritura, aunque no estemos hablando de una escritura de naturaleza esencialmente electrónica, porque en realidad no estoy incorporando elementos de esta genética en la redacción y construcción del texto de Pop-pins. Lo que ocurre es que me resulta imposible dar por cerrada la investigación y documentación que alimenta la escritura. Me es imposible porque en realidad necesito trabajar todo el tiempo dentro de ese proceso de realimentación (mejor suena feddback, hay que reconocerlo) constante. Ya no tiene remedio. Y debo andar con mucho cuidado para no permitir la entrada a desvíos inoportunos. Ya ni siquiera digo desvíos distorsionadores, absurdos… porque a veces, cuando los encuentro, pienso que tales desvíos aparentemente disgregadores convergen con mi propósito desde otros puntos de vista que no había tenido en cuenta…

En fin, es complicado y también peligroso, lo sé. Aunque puede ser muy enriquecedor y, bien manejado todo el asunto, nos podemos encontrar con un texto que obedece tanto a un plan principal bastante definido como a todas las variaciones de ese plan que salen a nuestro encuentro durante el viaje.

No es exactamente igual, pero esta última constatación de los desvíos me ha recordado la forma en que el dramaturgo Alfredo Sanzol incorpora a su trabajo las búsquedas que realiza en Google, ya que utiliza el buscador como forma de ir incorporando temas a desarrollar en sus textos dramáticos. Y por cierto,

ya es imposible desdeñar que Pop-pins es un imán para las coincidencias:

como este verano he andado (poco) fuera del mundo en general no había tenido noticia del estreno de Delicadas, la obra de Sanzol. He leído lo referente a la misma esta tarde. Y en la obra se habla de algunas mujeres silenciosas, cuya vida y generación fueron realmente destrozadas por la guerra civil (es que ahí, en esos años, se practicó un nudo gordiano en nuestra historia colectiva que aún, nos guste o no, todavía no hemos terminado de desatar, qué le vamos a hacer…) y por lo que después vino. Y ya es (no) casualidad que uno de los  temas de Pop-pins sea precisamente éste mismo (en una variante algo cínica, creo, eso sí…).

 

 

 Enlace a Delicadas  —>                          

 

 

Vida vitafaga

Alguien que se llama -o así dice- Orapma (un nombre que a mi me sugiere budú) ha escrito en su blog: “la vida se me come”. Lo que me ha extrañado es no haber encontrado más referencias para la frase/

 

(bueno, sólo he buscado con Google, entre comillas, eso sí)

 

Y me ha extrañado porque seguro que es una sensación compartida por millones. De tan compartida, parece normal. Claro. Pues no lo es. Lo que quiero decir está más o menos expresado en la entrada que hace un rato he añadido a mi blog personal (Luisamiñana).

 

Y lo que aquí nos concierne es que esta semana ha sido de parón total para Pop-pins, o casi. ¿Nada más empezar?, preguntará alguien, seguro. Y añadirá(pensará): pues vaya proyecto de habas. Bueno, así es la vida de los pluriempleados, pluriresponsabilizados, pluriatareados: una vida vitafaga.

 

No puedo escribir por encima de mi misma (que no soy únicamente yo). Pero para estas cosas existe este blog. Para contar estas y otras vicisitudes.

Además, a pesar de la vida vitafaga, pensar se puede. Y si una va pensando, genera actitud, genera cuerpo de escribir. Lo cual es sumamente decisivo (al menos para mi). Generando cuerpo, pues.

 

Una buena noticia sí que tengo: el martes grabaremos los tres primeros minicapitulos encapsulados del proyecto pop-pins radiofónico. Serán muy cortitos. Pensé que era mejor así. Textos dramáticos cortos, de diálogos algo pajoreros. Pero ahora creo que quizás sean demasiado cortos. No sé. Es dificil acertar en esta época con la dosificación adecuada para que la gente escuche sin presión y con ganas… Tengo muchas ganas de ir al Centro de Tecnologías Avanzadas el martes, donde el Taller Creativo de TEA FM va a grabar esos diálogos en los que se va explicando un poco de qué va ésto de Pop-pins. Os puedo contar que como dramatis personae aparecen algunos nombres que estarán en el texto novelado: Helia, Mary Pop-pins (claro), Albertina, un editor (que no sé si estará en la novela, creo que no), en fin… Escribir esos miniguiones para la radio me ayudó mucho para lo de coger cuerpo… Y pensar esta semana de dique seco en cuanto a escritura, también.

 

He pensado, por ejemplo, que en realidad lo único que seguramente quiero es plantearme una vez más la cuestión de cuántas maneras de ver una misma cosa hay, cuántas realidades, cuántos caminos… llegas a uno y surge otro… Quizás.

 

Por ejemplo, la semana pasada en Trasmoz (donde escribí esos tres primeros miniguiones radiofónicos), miré mucho el paisaje, y vi el paisaje de muchas maneras. Yo, una. Maneras, muchas. Y a mis maneras, sumemos las maneras de F. que estaba conmigo y también miraba… Y las de quienes han estado allí antes. Y las de quienes estarán… Y entonces: cuántos paisajes se contemplan en el tiempo de La Casa del Poeta de Trasmoz… y con los ojos colocados en el mismo vértice… Hablo de maneras de ver como hechos físicos, no figurados, entiéndaseme, no literarios meramente, no filosóficos. Hice fotos. Les he puesto nombre. Por ejemplo:

 

a esta manera le llame Quijote contra Gigantes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

y a esta otra Lo que cabe en una mano huesuda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                 La cuestión es que lo que es totalmente necesario para que aparezcan las distintas maneras es el factor tiempo. El factor tiempo va a ser muy importante en Pop-pins. En todas las maneras.

 

Otra cosa que hemos hecho, sobre todo Emilio Gil, Jio Plica Zaragózame /(pinchad el enlace de la derecha) – es trabajar en este nuevo y espero definitivo alojamiento para Pop-pins. Emilio ha hecho la casa y la mudanza. Y yo me he dedicado a pedirle cosas, en plan pelma. Gracias, friend.

 

 

 

 

 

 

 

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: