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Proyecto Pop-Pins

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Las esquinas de la Luna

Making on: goodbye

¿Cómo es el sonido de una violación?

Llevo para varios días buscando. Para las llaves-sonidos, claro. Para el próximo capítulo, claro. No hay sonido. Habrá ruido, pero no hay sonido (“es tan grande el disparo que está dentro del sueño” — la materia oscura de la información, en Las esquinas de la Luna —)

Usaré música-metáfora. Una de las composiciones que más honda tristeza me han producido nunca. Porque la ira es tristeza convulsionando, vacío dinamitándose y dinamitando cuanto encuentre a su paso.

Mientras llega mañana, otra composición barb.ara : Goodbye:

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Making on: plan Guadiana (=Vida de Hotel)

Estoy acostumbrada a escribir en plan Guadiana.

Los escaparates, los mercados, los críticos, los expertos, los analistas, los colegas, incluso los amigos y la familia no suelen tomarse muy en serio aquellos trabajos que se realizan según un plan Guadiana. Pero la vida es – para casi todos- más Guadiana que Danubio.  Aunque hagamos como que no: que sólo los Danubios deben ser considerados.

Bueno. Espero que – como Guadiana que soy- ahora toque crecida en los acuíferos y demás (hablo sólo de mis posibilidades de dedicarme a escribir unos ratos continuados). Volvemos a Pop-pins. Retomando tema: ya me gustaría a mí hablar de sexo en Internet (lo anuncié hace un mes, ya, ¿alguien lo recuerda?). Seguramente no. Bueno. Pero todos estáis ya acostumbrados a interrupciones narrativas en las series de televisión (primera temporada, segunda temporada… y no pasa nada).

Iniciamos pues temporada, como si dijéramos.

En toda obra de un autor (sea como sea la obra y sea quien fuere -bueno o malo, famoso o no, inteligente o lerdo, etc o etc- el autor) pueden rastrearse sus propios invariantes que van guadianamente apareciendo. Creo que hay en el libro Las esquinas de la Luna un poema que está en armonía vibratoria con Pop-pins, y lo copio aquí. Con ello, lo dicho, nueva temporada, dentro de unos días. Repito: ya me gustaría a mí hablar de sexo en Internet.

Mientras tanto (ay, mientras tanto – que diría Lorca):

Vida de Hotel

Si fuera una película, diría que he pasado toda la vida encerrada en esa habitación de hotel y en una sola tarde, como si hubiera sido la misma procesión de veranos e inviernos golpeando sin pausa el terco filo de los acantilados del que cuelgo.

Las campanas de San Antonio sonaban sobre el mar de la isla de Ibiza. Yo contaba las olas bajo las influencias de Sartre, de Merleau-Ponty, de Cristo, de Marx. Sin pestañear. Aún no tenía tiempo acumulado y, antes de conocer a Heráclito, el mar ya me enseñó todo lo que debía saber. Por eso, desestimé después a Hegel, por tramposo: aún no tenía mi cuerpo formas de mujer y ya te habías ido.

He caminado hacia mí misma toda la larga tarde de este verano sin final a la vista. Lo que compré en los mercadillos y en las tiendas de moda ya no lo tengo. Coqueteé con la utopía de buen grado y también amé versos y a hombres que temían los desastres y que hablaban de más, hombres que no callaban ante el mar ni ante mi cuerpo. Comí versos si no había otra cosa. Como versos.

Oigo mis propios pasos acercándose a mí por el camino que conduce desde el acantilado hasta el hotel: Starway to Heaven, starway to, star, ojála que las constelaciones no tuvieran siempre etiquetas de ron y de ginebra, que no fueran mentira ni tan viejas, que fueran una cama y tu nombre y tus manos en esa habitación de la que nunca hasta hoy había salido.

Me he instalado en el faro, por fin. Por lo que haya de suceder. Ahora cuanto pienso puedo comprarlo en Internet, vale un click. Me he acostumbrado a no tener razón. Sin pestañear. Esta tarde no acabará nunca, ni el verano, ni el nivel del mar rebosará tanto como para que no respire el acantilado ni un poco la esperanza donde balancearse.

Y todavía me pregunto cómo he podido pasar toda la tarde sin un beso en los labios.

(nota: comenzado a escribir en San Antonio, Ibiza, el verano del año en que murió el dictador Franco)

Making on: plan Guadiana (=Vida de Hotel)

 

Estoy acostumbrada a escribir en plan Guadiana.

Los escaparates, los mercados, los críticos, los expertos, los analistas, los colegas, incluso los amigos y la familia no suelen valorar lo que dependen del plan Guadiana. Pero la vida es – para casi todos- más Guadiana que Danubio.  Aunque hagamos como que no: que sólo el Danubio es lo que cuenta y lo estupendo.

Bueno. Espero que – como Guadiana que soy- ahora toque crecida en los acuíferos y demás. Volvemos a Pop-pins. Retomando tema: ya me gustaría a mí hablar de sexo en Internet (lo anuncié hace un mes, ya, ¿alguien lo recuerda?). Seguramente no. Bueno. Pero todos estáis ya acostumbrados a interrupciones narrativas en las series de televisión (primera temporada, segunda temporada… y no pasa nada).

Iniciamos pues temporada, como si dijéramos.

En toda obra de un autor (sea como sea la obra y sea quien fuere -bueno o malo, famoso o no, inteligente o lerdo, etc o etc- el autor) pueden rastrearse sus propios invariantes que van guadianamente apareciendo. Creo que hay en el libro Las esquinas de la Luna un poema que está en armonía vibratoria con Pop-pins, y lo copio aquí. Con ello, lo dicho, nueva temporada, dentro de unos días. Repito: ya me gustaría a mí hablar de sexo en Internet.

Mientras tanto (ay, mientras tanto – que diría Lorca):

Vida de Hotel

Si fuera una película, diría que he pasado toda la vida encerrada en esa habitación de hotel y en una sola tarde, como si hubiera sido la misma procesión de veranos e inviernos golpeando sin pausa el terco filo de los acantilados del que cuelgo.

Las campanas de San Antonio sonaban sobre el mar de la isla de Ibiza. Yo contaba las olas bajo las influencias de Sartre, de Merleau-Ponty, de Cristo, de Marx. Sin pestañear. Aún no tenía tiempo acumulado y, antes de conocer a Heráclito, el mar ya me enseñó todo lo que debía saber. Por eso, desestimé después a Hegel, por tramposo: aún no tenía mi cuerpo formas de mujer y ya te habías ido.

He caminado hacia mí misma toda la larga tarde de este verano sin final a la vista. Lo que compré en los mercadillos y en las tiendas de moda ya no lo tengo. Coqueteé con la utopía de buen grado y también amé versos y a hombres que temían los desastres y que hablaban de más, hombres que no callaban ante el mar ni ante mi cuerpo. Comí versos si no había otra cosa. Como versos.

Oigo mis propios pasos acercándose a mí por el camino que conduce desde el acantilado hasta el hotel: Starway to Heaven, starway to, star, ojála que las constelaciones no tuvieran siempre etiquetas de ron y de ginebra, que no fueran mentira ni tan viejas, que fueran una cama y tu nombre y tus manos en esa habitación de la que nunca hasta hoy había salido.

Me he instalado en el faro, por fin. Por lo que haya de suceder. Ahora cuanto pienso puedo comprarlo en Internet, vale un click. Me he acostumbrado a no tener razón. Sin pestañear. Esta tarde no acabará nunca, ni el verano, ni el nivel del mar rebosará tanto como para que no respire el acantilado ni un poco la esperanza donde balancearse.

Y todavía me pregunto cómo he podido pasar toda la tarde sin un beso en los labios.

(nota: comenzado a escribir en San Antonio, Ibiza, el verano del año en que murió el dictador Franco)

Cosas que no debería decir

Muchas veces estoy a punto de suspender (no digo  abandonar) este Proyecto Pop-pins / Chuse Fernández (TEA FM) lo llama así y me gusta.

Me ocurre cuando comparo mis ritmos de escritura y producción con la de otros. Entonces pienso que soy una tortuga. También pienso que quien mucho abarca poco aprieta. Que tanta diversidad de obligaciones y responsabilidades -buscadas, adquiridas, impuestas – acabará sino conmigo, con mi renqueante capacidad para escribir algo un poco decente.

Cosas que he hecho estos días, mientras pensaba cómo articular el siguiente capítulo de Pop-pins /a ratos solamente:

Trabajo del que da de comer y vestir  y un techo (como todos)

Premio Novela Histórica

Literatúrame -plataforma para distribuir con mucho cariño e-books de pequeñas editoriales (cada vez más actividad)

Acudir al Juzgado

Varios supermercados (como todos)

Congreso Internacional de Radioteatro I

Un poco de jardinería (imprescindible para aliviar las jaquecas)

Revista Imán (de la AAE, que tendré que terminar en estos días: maquetación digital)

Sonrisas y lágrimas (un placer acompañar a Daniel)

Asistir a la presentación del excelente libro de Jesús Jiménez (Frecuencias, Visor) al que acompañaron Miguel Ángel Ortiz (cuyo libro Un día me esperaba a mí mismo, de la editorial JekyllandJill Editores, ha sido considerado el mejor libro editado en Aragón en 2011) y Manuel Vilas (que encontró en la librería su propio nuevo libro Gran Vilas, Visor)

Acudir al Hospital

Leer, claro (por ejemplo, El mapa y el territorio -Houellebecq-, Universos paralelos – Randall-, Señales en tiempo discreto – Silvia Castro-, Elogio del libro digital – José Manuel Lucía-, y empiezo Antagonía, Luis Goytisolo : todo a ratos, y cada vez me gusta más e-leer en el e-lector, tan ligero y portátil)

Bien,  acumulación:

—————- No me quejo: la mayor parte de las cosas son cosas buenas  (bueno a veces sí me quejo, como ahora, por agobio, pero ya sé que esto es más o menos lo que le ocurre a todo el mundo)———–

// También he pensado que Pop-pins se está articulando mediante unos mecanismos bastante poéticos y que por eso no termino de imponer mi ritmo —-> a la narración la puedes buscar y provocar, la tramoya poética suele aparecer desde el cerebro inconsciente, que diría Punset (bueno, por pensar, y supongo que por justificar). No es que tenga gran experiencia efectiva -ésto me preocupa ahora mismo, porque quizás soy solo un proyecto todo el tiempo – lo soy (está bien, claro)-, pero así viví la escritura de Pan de Oro, frente a como sucedía siempre la escritura poética, y desde luego frente a cómo ocurrió luego situarse en Las esquinas de la Luna.\

En cualquier caso el ritmo de Pop-pins y el mío parecen confluir y eso también me hace pensar: que iremos pues a nuestro ritmo, y hasta posiblemente pensemos formas de ir publicar el resultado no consideradas en el inicio del Proyecto .

 

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