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Proyecto Pop-Pins

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Making on Pop-pins

El silencio de Pop-pins

Durante estos dos últimos meses al silencio de Pop-pins lo han alimentado la enfermedad y la muerte. Porque este tiempo ha estado dedicado a acompañar a mi padre hasta la frontera, justo hasta la frontera. Justo hasta la frontera. Y regresar.

No se sale indemne. Como de casi nada. Tampoco exageraré.

Durante estos dos últimos meses Pop-pins ha crecido en el silencio en el que necesariamente hay que quedarse un tiempo cuando se percibe la muerte a tu lado.

En consecuencia, también cierto autocanibalismo se ha producido. Es verdad. Si Autocanibalismo es vivir. Sí.

Hay obviedades como esta. Obviedades como la muerte que re-sitúan. Lo centros están sometidos a desplazamientos de onda constantemente; también a alteraciones bipolares y de inversión magnética. Los centros se diluyen en la longitud del tiempo y se deforman. Los sentidos están siempre hacia afuera y los centros desparecen. Hasta que llega la muerte. Hasta que antes de la muerte llega saber que la muerte va a llegar. Da igual en qué momento de la historia llegue. En qué época de la historia llegue.

Sin embargo, Pop-pins realmente es una auténtica rebelión contra todo eso.

Para ello, Pop-pins se alimenta tanto de la vida como de la literatura, a partes iguales. Y por ello Pop-pins calla tanto como habla.

Aunque para hablar, mejor literatura.  No centros.

He tardado este tiempo en volver a hablar. Y no lo he hecho empezando por aquí. Sino con un texto en clave poética. Que no está aquí.

 

 

 

 

 

 

 

Otra esquina

 

Chaflán entre Felip II y Costa i Cuxar, Barna

 

Esta esquina – Felip II- (por seguir recuperando escenarios y tramoyas de Pop-pins) es otra de los lugares importantes en la historia que se cuenta. Detrás de la ventana que se observa en esta captura de imagen desde Google Street se encuentra el escenario de uno de los capítulos de Pop-pins. Es un escenario real, y el episodio que se narra en el capítulo El sonido de la carcoma es de los pocos que en Pop-pins responden igualmente a un hecho acaecido como experiencia percibida por mi misma dentro de lo que entendemos como realidad (y eso que Pop-pins cada vez tiene que ver más con alguien que siempre he autoreconocido). Un pedazo de El sonido de la carcoma:

 

 

Aquella noche la recuerdo muy bien. Una de las que mejor recuerdo de entre todas las que tengo vivamente presentes de mi vida. Dormías como una muerta en la cama de al lado y me costó mucho empeño despertarte con mis gritos y sollozos. El sonido de la carcoma instalada en la cómoda de mi habitación me había arrancado de mi frágil sueño y me tenía paralizada entre el miedo y la angustia; sólo podía llorar y gritar. No tenía ni idea de lo que era aquel ruido atroz, incansable, inmenso en la noche. Junto a la ventana de mi habitación infantil, en la fachada del edificio, colgaba una farola, que alumbraba siempre el interior del cuarto. Eso no me tranquilizaba. Todo lo contrario. Mi imaginación ha sido siempre altamente irracional. Y la carcoma invisible parecía acelerarse y amplificarse a la vez que mis propios latidos. Mi aullido infantil llamándote, -llamando a una desconocida, al fin y al cabo- apenas consiguió de ti una respuesta adormilada, que aún me acongojó más. ¿Qué es eso que se oye?, grité ahogada por la histeria. No oigo nada, me dijiste. ¡Eso, cra, cra, cra…!, insistí. ¡Ah!, será el escarabajo del reloj de la muerte, bostezaste, y te diste la vuelta y desapareciste. Deberías cuidarme algo mejor, Albertina. I want to hold your hand, sollozé. Los hipnopómpicos somos capaces de expresarnos en casi cualquier idioma en un momento dado, aunque no poseamos conocimientos conscientes de tales idiomas. Pero ya no me oías. The beatle death clock, me repetí entonces. De los otros Beatles  nadie hablaba en mi país en 1964, aunque estuvieran a punto de ser los seres más conocidos del planeta. En España sólo se barruntaba a todas horas la carcoma. La que infectaba los estupendos muebles nuevos sesenteros de mi habitación con sus viejas larvas eternamente raquíticas, mediocres y siempre resurrectas, vorazmente castradoras. Hoy es veinticinco de julio de 2010 y estoy a kilómetros de distancia de donde querría estar. Aunque es aquí donde debo estar. Cosas de la hipnopompia. Me empeño en estar bien: Sargent Pepper¨s a través de los auriculares del ordenador me asegura, mientras escribo, una buena dosis de felicidad flotando sobre el interminable ruido de las calles de Londres, sobre los laberínticos túneles subterráneos atestados de extraños escarabajos velocísimos, que nunca cesa. Albertina, deja ya de mirarme (tono de súplica)

 

La prisionera

He terminado de releer y repasar los capítulos que llevo escritos de Pop-pins.  También he ido haciendo algunas correcciones sobre ellos. No muchas, la verdad. No sé si es que me han salido muy bien o que yo realmente me estoy volviendo muy tonta (decía antes en territorio Facebook que no podía ser que yo fuera tan tonta como me siento cuando leo, oigo y veo todo lo que veo, oigo y leo en los medios de comunicación- pero a lo mejor como me contestaba una querida y sabia amiga al final consiguen volvernos tontos realmente, y esa es la táctica, la estrategia…, no sé, ya digo…)

Bueno, Pop-pins. Hoy quería haber comenzado el siguiente capítulo que me tocaba. Se titula “Saldo migratorio”. Pero se va a quedar de momento hoy en el título. Debajo del mismo no hay nada. Saldo=0. Otra vez “corridas” médicas. En Aragón le decimos corridas a cuando una tiene que darse mucha prisa para algo; por ejemplo: ves en una corrida a comprar pan; o, tanto “alparcear” y luego corridas para todo (o sea, tanto hablar cotilleando y luego a toda prisa para llegar a todo); o, como mi caso, hoy: ¿qué tal tus padres?, (me dicen, por ejemplo y yo contesto, por ejemplo:) pues todo el día con corridas en los médicos….

Total, que estoy cansada y hace calor otra vez. Y ha habido unas palabras por ahí sobre la discapacidad que me han dado aún más calor y un terrible cansancio de todo. Y entonces, abro la carpeta de Pop-pins y… el último capítulo que corregí ayer se llama La prisionera (qué cursi, Luisa, diréis…). Pues no creo. Os pongo un parrafillo de ese capítulo, cuyo título si os parece cursi, vais y se lo decís  a Proust, monsieur Marcel.

Otro día os cuento algo sobre el índice (de Pop-pins).

Bueno, el parrafillo:

Empieza La Prisionera:

 

Somos prisioneros de la gravedad. De la gravedad de la Tierra y de la gravedad de los hechos que nos ocurren. Del peso de la vida. Y esa prisión es como una curva interminable que oculta el horizonte. Somos prisioneros porque no flotamos. Si pudiéramos flotar, podríamos escapar siempre que quisiéramos. Flotar, quedar suspendidos. La gran paradoja y desgracia de nuestra naturaleza es que sólo nos liberamos realmente de nosotros mismos flotando. Yo de niña quería ser astronauta, ¿te acuerdas, Albertina? Pero la ingravidez desgasta los huesos. Te acabas volviendo plegable, no libre; así que ser astronauta no sirve tampoco. Necesitamos urgentemente hacer habitable alguna dimensión donde todos podamos flotar, queridas Albertina y Rose Mary Taylor, que estáis en el techo de Saint James Tavern, sobre mi cabeza, tomando el té. Se os ve bien. Buen aspecto. En cambio yo estoy tan cansada.

(Piripintado para mí ahora el final… Me vuelvo a ver el partido de baloncesto de la NBAUSASPAIN)

En reflexión, 1

Con varios amigos en estas últimas semanas he mantenido diferentes y similares conversaciones acerca de la brevedad y la inmediatez.  Quiero decir en el hecho de escribir. Bueno a la hora de escribir, digamos, una obra, quiero decir.empo Realizar un trabajo unitario y cerrado durante y en un tiempo determinado.

Todos somos conocedores y conscientes de que los ritmos de consumo se han acortado exponencialmente (me refiero a consumir como sinónimo de gastar, de utilizar desgastando, alterando la función de lo que se consume hasta el punto de convertirlo en un deshecho, estén agotadas o no sus posibilidades). Los ritmo y tiempos de consumo  se han acortado – y se han hecho mucho más superficiales, en consecuencia-   impelidos por la voracidad del mercado, es cierto. Pero la voracidad del mercado está alimentada tanto por su propia hambre avariciosa, como por la ingente producción de información y la facilidad y rapidez con la que la misma se encarna en un formato (cualquiera que sea), se difunde, se digiere, se solapa de hito informativo en hito informativo, se deshecha.

De ambos factores el que más me interesa es el segundo. Porque es el que atañe directamente a las transformaciones que está sufriendo nuestra comprensión del hecho informativo, creativo (crear al fin y al cabo en los humanos es igual a re-in-formar a través de los instrumentos personales).

 Respecto a la apariencia literaria de la información, o sea, respecto a la creación literaria, a la literatura comprometida con la investigación del lenguaje y sus estructuras de comunicación, la tecnología de la información está cambiando muy profundamente cualquier fenómeno que le incumba. No solo lo referente a la distribución, eso es evidente. También en todo lo que atañe a los modos de producción, incluyendo las costumbres y usos personales del propio escritor. Y no solo por lo que le puede aportar la disponibilidad de información, la facilidad de difusión, etc. Si no, lo más importante: por el cambio de sentido que se está produciendo en la actuación creativa misma.

Entre otros, estos cambios de sentido atañen al sentido del tiempo dedicado a una “obra”. Incluso al sentido de esa “obra” como tal. La fragmentariedad (que no fragmentación), la inmediatez, la obsolescencia vertiginosa, la simultaneidad de ideas, éticas, costumbres, incluso tiempos histórico-geográficos -disimiles entre sí y coetáneos y coexistentes en nuestra red neuronal- producen todo eso. Ya se ha dicho en muchas partes.

No importa demasiado (en términos creativos) si un libro se transmite sobre soporte papel o se lee en un e-reader o en la pantalla de una tableta o lo que sea. Lo que importa, sobre lo que debemos reflexionar y experimentar es sobre la propia fórmula del libro como unidad de creación literaria. Eso sí que afecta y afectará al proceso de invención, apropiación, comunicación. Como ya afectó en su día cuando todo ello debió adaptarse al libro precisamente.

Y solo redundo en esta reflexión (que considero ya bastante habitual entre los inquietos) a propósito del camino Pop-pins. Quizás a Pop-pins no le convenga el libro. Quizás al menos no le convenga solamente el libro. No primero el libro.

En reflexión.

1…

Bares

En este capítulo actual de Pop-pins, o sea sigo aún dentro de La ley del desierto, asoman unos cuantos bares históricos de Zaragoza.  Sucede que la vida estaba en los bares. En los bares estaba la política, la literatura, la Universidad, el amor, el desamor, el desamor, el desamor, la esperanza, la frustración. Amar y hablar: en los bares.

La ley del desierto pinta bares que existían en 1984.

O quizás confundo los tiempos. Da igual: generar y reubicar los tiempos y las cosas es propio de la literatura, que entiende bien que nada es como parece ni siquiera como pensamos.

Bares: La ideal / El Modo / Central / Bohemios / La pianola / El Olmo rosa / Niké / El viejo paraguas / Mikonos / La Mandrágora / Cutanda /

Cientos más

Hay que concretar para explicarse mejor. Eran los bares o el desierto. Y eso en plena Transición  parece algo bastante descorazonador.

….

Leer el pensamiento: una nueva técnica literaria-:)

Descifrada la actividad cerebral que podría permitir leer el pensamiento (La Vanguardia/Vida)

Este mapa cerebral me gusta mucho. Me gusta mucho que podamos tener un MAPA CEREBRAL. Me gustan los mapas. Hay una prueba neurológica (lo sé porque acompaño siempre a Daniel cuando se la hacen) que se llama CARTOGRAFÍA CEREBRAL. Es muy interesante.

Ahora que estoy escribiendo Pop-pins no me importaría que escucharan mi cerebro y directamente transcribieran el pensamiento: esto puede ser un nuevo paso en la asimilación de nuevas técnicas literarias definitivamente totalizadoras y vitales.  Helia me pregunta que cómo distinguirá el escuchador-transcriptor cuando pienso yo y cuando piensa ella en mi cerebro, ahora cuando escribo Pop-pins. Escribo Pop-pins, como todo el que escribe habitualmente supondrá, aun cuando no  esté concretamente escribiendo. Se escribe todo el día, en el pensamiento la actividad de escribir es continua. Hay muchas voces en la actividad de mi cerebro ahora. Creo que siempre hay muchas voces en cualquier cerebro: no somos uno. De hecho ya ven que Helia y yo conversamos todo el rato, que es como estar todo el tiempo dentro de Pop-pins.

¡Va a ser enorme lío!

Y escuchándome ahora, observo que la disposición textual de los diálogos en Pop-pins (como se verá y leerá cuando llegue el momento, que llegará, e igual llega fragmentariamente con antelación) tiene mucho que ver con esto de que todas las voces sean como simples y matizadas proposiciones de una autoconversación (no sólo en mi caso pop-piano/ en todos los casos). De hecho está claro que en el capítulo que escribo (La Prisionera) es lo que ocurre con las voces y sucesivas transformaciones de Helia, Albertina y Rose Mary Taylor: todas hablando, todas flotando bajo el techo de la Saint James Tavern de Londres, todas resonando dentro del gran globo cerebral Rover.

Urgencias

Soy una habitual de los hospitales de mi ciudad. En especial del Hospital Miguel Servet. Nunca he estado ingresada como paciente (voy a  tocar madera), pero tengo acumuladas un montón bastante importante de horas hospitalarias en mi cuaderno de  sobrevivencia.  Ayer por la tarde-noche volvió a tocar. Lo previsto era haber intentado terminar el capítulo La prisionera. No pudo ser.  Ni hoy, porque arrastro a través de la jornada laboral+médico again+tareas varias de hoy el cansancio de ayer.

Esas horas de ayer en el hospital acompañando a mi padre le han dado bastante qué pensar a Helia -la protagonista y relatora de Pop-pins, aclaro para quien no haya seguido antes este making on-, que gracias a su hipnopompia puede ver estas cosas desde lo alto , como una película, y desde lejos. Sin embargo yo, cuando la imagino a ella, no importa por dónde ande en ese momento, siempre la imagino junto a la ventana de la Saint James Tavern, en una actitud bastante tópica: sola y haciendo esquemas. Saint James Tavern es un cerebro en mutación, una traslación más de La Villa-Portmeirion. Cada una de nosotras Helia y yo, estamos a un extremo del pasillo.

Lo que yo percibí:

http://luisamr.blogspot.com/2012/01/sintomas-de-la-entropia25-urgencias-o.html

Etcétera

Reportaje en Heraldo de Aragón (7-01-2012; la foto que aparece es de Anna Moshi)

Etcétera me parece una sección absolutamente apropiada para Pop-pins (y lo digo sin ironía, en serio).

Este es el reportaje que ha realizado (muy bien por cierto) Rocío Solanas y que es consecuencia de la entrevista de la que hablamos en el post anterior. Tengo que estar agradecida porque ha sido un excelente revulsivo para mi; no por salir en la prensa y esas cosas (y también lo digo ahora en serio, no es falsa modestia), sino porque pensar que Pop-pins haya llamado la atención de alguien dentro de la prensa me resulta, por un lado sorprendente, y por otro gratificante, desde luego.

Gracias pues, nuevamente, a todos, caramba.

La Villa (un capítulo más de Pop-pins) está listo para la corrección; esta vez me ha resultado menos complicado de lo que pensaba. La Villa es una metáfora (en Pop-pins, y en la serie El Prisionero, de donde proviene). Una metáfora simple y efectiva sobre nuestra más íntima y vital contradicción como especie: ni con los demás congeneres ni sin ellos.

Entrevista telefónica

Últimamente han pasado cosas.  Hemos comenzado este 2012 que nos hace temblar como un gigante (o al menos así nos dicen que tenemos que temblar y temblar), pero sobre todo lo que a mi me ha pasado es que se ha ido para siempre Chusa. Lo cierto, ahora me doy cuenta, es que el último mes ha estado ocupado casi todo el tiempo (internamente hablando, el tiempo interno importa mucho) por esta desaparición: por la angustiosa espera del momento de la desaparición y por este duelo posterior necesario. Pop-pins se encontró el año pasado con otra desaparición y ahora con esta de Chusa. También ahora hay cosas que incorporar de esta experiencia a Pop-pins (que para eso es una novela que no se cierra en sí misma).

Ayer se lo dije a Chuse Fernández Cotenax, el coordinador de TEA FM y director de nuestro radio teatro Pop-pins. Tus noticias me devuelven un poco la respiración a su ritmo normal: gracias. Chuse me llamó para decirme que en Heraldo de Aragón alguién se interesaba por Pop-pins novela/radio-teatro. Y así de alguna forma me ayudó a regresar a la actitud precisa para continuar el trabajo. Acabamos de hacer esa entrevista por teléfono con Rocío Solanas, y aunque hasta a mi me resulta a veces un poco raro y lioso explicar qué es ésto de Pop-pins, espero haberlo hecho un poco coherentemente (ya disculparás las torpezas).

Helia y yo os damos las gracias.

Por cierto, detrás de esta página de blog está la página de word con el epígrafe del nuevo capítulo: La Villa.

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